TESTIGOS BAJO LA TORMENTA
En mi tierra había un lugar que aún se llama Cerritos, conocido por su belleza natural y su ambiente festivo. Tiempo atrás, se podía ingresar a un gran potrero que rodeaba la montaña, un espacio abierto donde la gente solía elevar cometas durante los vientos de agosto. Ese día, alguien me invitó a acompañarlo allí; al llegar, la lluvia comenzó a caer fuertemente, y poco a poco, la multitud se dispersó, dejándonos solos, envueltos en el sonido de las gotas golpeando la tierra y las hojas. Me encanta sentir la lluvia sobre mi piel, y su efecto sobre mí era casi hipnótico: cada gota que resbalaba por mi rostro y mis brazos despertaba un cosquilleo que subía por mi columna. A él le pareció divertido quedarse conmigo, disfrutando del momento, y pronto esa diversión se convirtió en una corriente más íntima. Uno de mis fetiches era estar al aire libre, sentir la libertad del espacio abierto mientras mis sentidos se agitaban, y la lluvia intensificaba esa sensación, haciendo que mi deseo...